Tengo por costumbre detenerme en los quioscos de revistas y echar a pasear la mirada sobre el oc?ano de la estupidez humana. Cojo una que otra revistuca y la ojeo al desgaire. Tomo nota de los art?culos más ins?litos, de los temas de moda: el variopinto repertorio de la frivolidad y el adocenamiento. Revistas de deportes, modas, salud, inform?tica, pol?tica, carros, far?ndula… y en todas ellas campea la pagana deidad de las portadas: la mujer, l?brica, aquiescente, siliconada, bronceada, colagenizada, clonada, homogeneizada y pasteurizada. Las caritas de moda ??siempre las mismas!? gui??ndonos el ojo desde las tersas, lustrosas páginas donde chilla y se retuerce el deseo. P?ginas que son cutis, hechas para ser olidas y acariciadas, páginas que invitan al restriegue y a la embriaguez del tacto: papel convertido en cuerpo, en aceitosa epidermis, en fetiche puro.
( continúa )
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